El blog del palmireño

para rendir tributo a personas de mi pueblo y otras a las cuales estimo mucho.

Palmira

-¿Eres palmireño?
- Si, soy palmireño- respondí.
- Pero…, ¿no serás, palmirense?.
- No señor, soy palmireño- riposté enfáticamente- Ni palmirano, ni palmirense. Soy palmireño.
Lógicamente que la duda viene porque para los nacidos en Palmira existen tres gentilicios diferentes (que tan complicados somos los seres superiores). Aclaremos las cosas pues la verdad existen varias Palmiras alrededor del globo terrácleo. Comencemos por la más antigua.
Palmira (después Palmyra Hadriana). Ciudad antigua situada en el desierto de Siria, en la provincia de Hims a 3 km de la moderna ciudad de Tadmor o Tadmir, (versión árabe de la misma palabra aramea “palmira”, que significa “ciudad de los árboles de dátil”). Fue la ciudad más importante después de Damasco. En la actualidad sólo persisten sus amplias ruinas que son foco de una abundante actividad turística internacional. La antigua Palmira fue la capital del reino nabateo bajo el efímero reinado de la reina Zenobia entre los años 266 – 272 d. de c.
La principal atracción de Palmira son las ruinas, entre las que se destaca el templo de Bel. Edificado en el año 32 después de Cristo, fue consagrado al culto de Bel, derivación del término babilónico Baal, que sifnifica amo. Era el dios supremo de los habitantes de la ciudad, el dios de los dioses. En el templo, que fue transformado en iglesia en el siglo IV, se hacían sacrificios de animales.
Es una lástima que esta Palmira, tomada por los musulmanes en en el año 634, fue completamente destruida por un terremoto en el 1089.
Otra de las ciudades homónimas está en el Valle del Cauca, Colombia. Es uno de los municipios vallunos más importantes con una población cercana a los 300 mil habitantes. Junto a Yumbo y Santiago de Cali constituyen las ciudades industriales más importantes del departamento colombiano.

Palmira fue fundada en 1686. El nombre que adopta Palmira sólo aparece el 5 de diciembre de 1.813 , cuando Don Pedro Simón Cárdenas con otros ciudadanos notables decidieron proclamar este territorio como villa, para ello desobedecieron la autoridad de Buga y de España dándole el nombre de Palmira al antiguo territorio de Llanogrande, cuyo nombre lo adoptaron por una parte, teniendo en cuenta la imagen de la Virgen de Nuestra Señora del Palmar y además lo acabaron de ratificar con la ruinas de Palmira, del Conde Volney, basado en la ciudad de la antigua Siria, la unión de estos dos aspectos dieron origen al nombre de esta ciudad.

Siguiendo con el peregrinar en busca de las Palmiras del planeta encontramos la gaucha. Palmira, es una localidad de la provincia de Mendoza, Argentina. Se encuentra en el centro-norte de la provincia, en el importante corredor carretero y ferroviario que une a Buenos Aires con la ciudad de Mendoza y con Santiago de Chile. Pertence al departamento San Martín.
Forma junto a las ciudades de La Colonia y San Martín un aglomerado urbano único que es el 3º más poblado de la provincia.

Indudablemente una de las regiones más importantes en lo que hace a los Vinos Argentinos, la principal actividad económica es la vinicultura, destacándose por contar con el mayor número de viñedos y bodegas de la provincia de Mendoza.

En Colombia existen otros asentamientos poblacionales en la mayoría de los departamentos con el nombre de Palmira, también en Chile, Bolivia, Ecuador, Brasil, Uruguay, México, Venezuela, Perú o en geografías lejanas como Sao Tomé y Príncipe. Casi todos motivados por la otrora ciudad Siria. También podemos encontrar en varios paises latinoamericanos variantes como La Palmira, Nueva Palmira, en fin, creo que necesitaríamos un blog especial para contemplar a todas las Palmiras.
Pero ninguna de estas es mi Palmira.

Yo soy palmireño de la Palmira de Cienfuegos, Cuba. Soy un guajiro palmireño (y a mucha honra) que nació y creció dentro del fragor de las zafras azucareras, bajo el retumbar de los tambores de nuestro bembé, con el sabor de la raspadura de guarapo de los trapiches, con el canto del sinsonte y las tonadas de nuestra música campesina, sí, yo nací en Palmira, en el Barrio Segundo (la tibolera), ni siquiera fui a nacer en Cienfuegos, la gran ciudad. No, yo nací en Palmira, asistido por Amada (q.e.p.d), una vieja partera de la Noria, santera de pies a cabeza, que le dió la bienvenida a cientos de palmireños como yo.

Palmireño, no tan ilustre como Eusebio Delfín, José Manuel Tejada, Mateo Torriente, Francisco Otero, Pardo Galí, Eliseo Gómez, Panchito Díaz, Veguita o Victor Sánchez; tampoco tan conocido como Macho “el loco”, Simona, Nicoco, Israel, Aldo “el ebanista”, Amore, Nena Villar, Chichita Tejada, Juan Palma, Tamayo, Dorticós “el historiador”, Luly, Flores Balmaseda, Cachirulo, Bartolo “Padillita”, Martín López, Juan “el barbero”, Hilda Barreto, Cleto Sánchez, Roberto “el peluquero”, Manolo Valle, Carlos “jutía”, Pepe Zayas, “Rola” Padrón, Pití Padrón, Bololo, el “Mocosito”, Papun. la Cotorra (sin pongo el nombre nadie lo conoce) y otra pléyade de amigos y conocidos; pero soy palmireño de pura cepa.
Palmira, “el pueblo de las tres industrias” (como se conoce en Cuba), fue fundada por Agustin de Serize y Xenes el 12 de febrero de 1842. Su nombre, como el otras muchas ciudades en nuestro continente, parece derivar de la ciudad desaparecida de su mismo nombre que existió en Siria, territorio de Turquía Asiática y es de suponer que pensando en ello y de la lectura de la obra literaria “Las Ruinas de Palmira” del autor el Conde Volney, nuestro fundador acepta con entusiasmo los fundamentos de aquella obra literaria determinando el nombre del pueblo.
El hecho de poseer tierras fértiles, convierten a Palmira en un terriotorio donde la industria azucarera obtiene un desarrollo importante y trae consigo la necesidad de mano de obra barata, el esclavo. Ese esclavo traído de África, con sus costumbres, sus hábitos y sobre todo con sus cultos y religiones. Todo esto, unido a la proximidad de la abolición de la esclavitud y por lo tanto que el esclavo de convirtiera en ciudadano libre, hacen que Palmira posea una mezcla racial bastante diversa y adquiera notoriedad por los cultos sincréticos, los santeros, los espiritistas y la brujería. Es importante aclarar que Palmira posee también una variedad de credo bastante visible: Católicos, protestantes, Testigos de Jehová, etc. Pero el predominio está en la Cultura Yoruba y no por casualidad el santo más venerado es Shangó (Santa Bárbara), constiuyendo la procesión del 4 de diciembre todo un acontecimiento religioso-cultural en Palmira. Las ditribución de algunos barrios de la geografría del pueblo, junto a los cabildos correspondientes reafirman estos lazos religiosos. Me refiero a los barrios (menores) San Roque, Santa Bárbara, El Cristo y San Lázaro. Santa Bárbara, el Cristo y San Roque constituyen los centros más visitados.
La proximidad a la ciudad de Cienfuegos, su ubicación en la vía por carretera entre Cienfuegos y Santa Clara y por ferrocaril entre Cienfuegos – SantaClara y Cienfuegos – Habana, hacen de Palmira un pueblo con mucha movilidad en las diferentes esferas de la vida social. Una gran masa laboral tiene su centro de trabajo en Cienfuegos y eso genera movimientos matutinos y vespertinos hacia y desde la ciudad capital.
En la actualidad la industria azucarera palmireña se ha visto disminuida. La demolición del otrora eficiente central “Espartaco” (el de mayor capacidad en el municipio) y el cierre por zafras alternas del “Elpidio Gómez” crearon una situación laboral complicada para los palmireños. La creación de los centros integrales porcinos, el Combinado Cárnico, la Embotelladora de Aguas Minerales, la Planta de Oxígeno y otras pequeñas industria ha intentado paliar la demanda laboral, pero se necesitan más recursos y eficiencia.
Por lo demás Palmira parece detenida en el tiempo. Su parque principal, antes florido y ambientalmente agradable no cuenta ya con el eficiente y dedicado Abelino. Una glorieta que sustituyó a la fuente luminosa, con una arquitectura poco atractiva y mucho menos fotogénica. Ni hablar del contexto que rodea al parque. Casas de la época colonial en un franco proceso de deterioro, el Círculo Social, el Colonial, la Casa de Cultura, la Iglesia y otras construcciones más esperan por los recursos para mostrar la belleza de otros tiempos. Es un problema de los palmireños y sus autoridades recuperar su patrimonio, sobre todo ahora que la UNESCO y otras organizaciones apoyan este tipo de recuperación.
¿Cuánto han hecho las autoridades palmireñas (que normalmente no son de Palmira) para buscar hermanamiento y colaboración con las restantes Palmiras del continente?
Espero que algún día no lejano que Palmira vuelva a mostrar la lozanía que conocí en mi niñez y parte de la adolescencia. Siempre confío en unas palabras que me decía el viejo colega y gran historiador cienfueguero Angel Arrechea: “los palmireños son más vivos que’l carajo, no he conocido palmireño bobo”.

octubre 7, 2008 Publicado por | Cubanas | , , , , , , | 20 comentarios

Honrar, Honra

Hoy quiero cumplir una vez más con la dadiva martiana que le da título a este artículo, aunque bien puede titularse “Personajes” o algo parecido.
Yo crecí y viví hasta los 41 años en el mismo barrio donde nací. Yo recuerdo con mucha nostalgia el poste de la esquina donde nos reuníamos siendo adolescentes o niños para escuchar cuentos, historietas, anécdotas y para armar nuestros juegos, muchas veces determinados por la única bombilla que había en varias cuadras a la redonda. Cuando no era el poste de la esquina, era el portal de los “Vivos”, siempre que a Julia “Vivo”, con sus ochenta y tantos años encima, no se le ocurriera echarnos a escobazos del portal de su casa porque estábamos jodiendo mucho.
Después los “Vivos”, que cuando crecí me di cuenta que no era el apellido de aquella numerosa familia de mi barrio sino los Castiñeira, se hicieron importante en nuestros juegos de beisbol, pues aportaban casi medio equipo entre Rodolfo, Robe, Migue y el Nene.
Pero hoy no me quiero referir a estos personajes que compartieron el juego de beisbol conmigo durante largas y extenuantes jornadas. No, hoy quiero hablar de otro miembro de la familia Castiñeira. Me refiero al padre de la Niñita, Rodolfo, Robe, Migue y el Nene, me refiero a Antonio.
Cuando yo salía del Colegio # 4 de Palmira, era casi obligado el tránsito hacia mi casa por frente a la herrería de Fidelino (al menos yo creía que era el dueño). Entre hornos, herraduras, carbón, hierro y por supuesto caballos estaban Fidelino y Antonio, dos ases de la forja y las herraduras. Ambos de constitución física endeble, casi que puedo asegurar que peso actualmente lo que pesaban ambos juntos en aquella época, pero con una resistencia tenaz, incansables con una “mandarrita” en la mano, en un ambiente tan hostil como el de la herrería. En varias ocasiones me detuve a contemplar la titánica tarea de aquellos abnegados herreros de mi pueblo. Después que fue intervenida la herrería,Antonio utilizó el patio de su casa como improvisada herrería y muchos campesinos y vecinos usaron sus servicios como herrero, entre los que puedo contar a mi abuelo y a mi padre. Pero realmente en ese momento me faltaba por descubrir un Antonio totalmente diferente.

Lo vi varias veces, en las caídas de la tarde, sentado en su taburete preferido sacar hermosas tonadas a su vieja guitarra de cajón y tararear con una voz casi inaudible algunas décimasy canciones de nuestro folklor campesino. Otras veces lo vi salir en dirección al campo acompañado de Berto Díaz y Figueredo, todos guitarras en manos buscando uno que otro guateque casero.

Lo que nunca imaginé que en aquel diminuto hombrecillo de carácter afable y mirada lejana se escondiera un poeta con tanto talento, un improvisador de fino verso y vocabulario rebuscado, un fiel exponente de nuestras tradiciones campesinas.

El descubrimiento ocurrió cuando ya era yo una persona adulta, casi profesional graduado. En una de las fiestas populares de mi pueblo, me acerqué a un improvisado escenario donde se tocaba música campesina. Varios poetas participaban en una amena controversiay uno de ellos era mi vecino Antonio, el papá de mis amigos de niñez, el herrero, quien con la misma voz de tonos bajos deleitaba a los presentes con unas décimas con rima perfecta y mensaje claro para sus oponentes de actuación. Unas décimas con un texto, que hubiera jurado sabía de memoria si no hubiera sido por las características de la improvisación y el tema de la controversia. Tal fue mi asombro que anoté algunas palabras que no había escuchado antes y vi que el juglar de la música tradicional cubana las había usado acertadamente al consultarlas en el diccionario. Después, siempre que tuve oportunidad de escuchar la poesía de Antonio, no desperdicié la ocasión y pude corroborar que realmente Antonio Castiñeira es uno de esos talentos que la época que le tocó vivir no los moldeó con los estudios necesarios.

Si visita el Portal de la Cultura de Palmira, específicamente dentro de los Personajes de la Tradición Campesina encuentra a Antonio Castiñeira como uno de esos grandes personajes.

Hoy quiero, desde este blog, rendir merecido tributo a mi vecino Antonio Vivo.

Honrar, honra.

NOTA:  Estuve en Cuba, en Palmira durante tres semanas de los meses de junio y julio de 2011. Pude conversar con el poeta durante un rato. En el mes de noviembre me enteré del deceso de Antonio. ¡¡Paz en la tumba al glorioso juglar!!

octubre 7, 2008 Publicado por | Cubanas | , , , , | 1 comentario

   

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